sábado 15 de enero de 2011

VOTA, BOTA Y NO ES PELOTA

De Imagen
Por: Juan Ibarrola C.

Y que se cumplen los primeros 10 años de que el PRI dejará el poder -o lo que es lo mismo pero “no es igual”, de que el PAN haya llegado a la Presidencia de la República- y de todos lados comenzaron los discursos entre todos y contra todos.

El Presidente Calderón comienza el domingo en el que quizá es su aparición pública más controvertida y abierta en contra del priismo. No tendría nada de extraordinario, debido a que era su día de descanso, sin embargo, en su arrebato perdió la oportunidad de buscar la concordia nacional a través de un discurso dirigido a la elite panista. Es decir, aunque él estaba en su calidad de militante azul, los muchos y requeté-muchos que no lo son, esperan escuchar de su Presidente mensajes que brinden algo de esperanza.

Tal vez algunos ya olvidaron que también hoy se cumplen 4 años de que Calderón le declaró la guerra, primero al narcotráfico y después –como no jaló- lo llevó más allá, encasillándolo en “crimen organizado”. En esos entonces, se hablaba de costos de vidas, recursos y de sangre. Hoy les llaman “daños colaterales” y hasta hace unos meses todavía confundían “malandros” con estudiantes.

Tal vez Felipe Calderón tenía la mejor intención de frenar el avance criminal que estamos viviendo los mexicanos, sin embargo, la estrategia de comunicación y de Imagen ha sido demasiado para un pueblo al que no se le puede enfrentar con esa realidad. De aquí que, sus palabras del domingo 28 en el Auditorio Nacional y del martes 30 en “Pinos” demuestra lo que en el año 2000 dijo Carlos Castillo Peraza: “México entro a la democracia en un país que no tiene demócratas”

La respuesta de los contrarios no se hizo esperar. Desde Beltrones hasta Peña Nieto; desde Paredes hasta el diputado priista más desconocido (y mira que hay muchos) respondiendo al ataque Calderonista, quien le pide al colectivo no permitir el regreso de la intolerancia, de la corrupción y del abuso del poder.

El PRD no perdió la oportunidad de subirse al ring y tirar un par de ganchos al hígado de quienes sienten que están perdiendo el poder o lo que es lo mismo, quienes están perdiendo la capacidad de demostrar su intolerancia, de generar mayor corrupción y de abusar del poder a más no poder.

Si mis lectores creen que estoy en contra de todo y a favor de nada, en verdad no es así. Ni panista, ni priista, ni mucho menos perredista. Intento a veces ser periodista…

El año 2000 fue quizá la mejor oportunidad que tuvimos todos por cambiar al país. Lo que nadie contaba fue que los mexicanos -bien que mal- se habían acostumbrado a un “remedo” de estado paternalista, donde la conducción del país estaba a cargo de una clase política que lejos de tener un interés por el bien de la nación, demostraron una nula convicción de ideas y de lealtad a su partido. Basta contabilizar a todos los políticos que se han cambiado de bando, han regresado y se han vuelto a ir. Todo por el poder.

Pero seguimos votando por ellos y peor aún, permitimos que sigan haciendo de las suyas, no en función de su obligación de desarrollar al país lo mejor que se pueda, sino en la búsqueda de seguir en el poder en las elecciones que sigan. Todas las acciones de los partidos se centran en cómo asegurar una mejor posición en las siguientes administraciones –lo que de entrada es lógico en la democracia- aunque en su lucha por obtenerlo, se degrade y se señale al contrario, dejando de lado un crecimiento propio que le de beneficios a la gente.

Si seguimos permitiendo que una boda de telenovela nos impacte, o que la inauguración de un “fitness gym” (oralé) que por cierto hoy cerraron, nos distraiga por que la dueña del mismo es la reina del Pop. O bien que nos lleve a un estado de paranoia total, la indolencia e incapacidad de un gobierno por insistir en que esa es la forma de legitimarse; las cosas seguirán exactamente igual, es decir, de mal en peor.

Y se bota a la basura la necesidad real. Se bota al olvido el futuro de los que aspiran a una vida mejor. Se bota en el discurso la responsabilidad de quien gobierna.

Se bota y lo peor es que después… Se vota.

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